Saadi Khadafi: el hijo de tigre que quiso ser futbolista

Se codeó con los mejores del mundo, pese a que no le pegaba a la pelota ni dentro de un ascensor. Así fue el paso del hijo de Muamad Khadafi, Saadi, por el fútbol. Ahora, luego de las revueltas en Libia y de la muerte de su progenitor se encuentra refugiado en Níger.

Le entró el bichito por el deporte a los 27 años en la liga local, pero no tendría repercusión hasta su llegada al Perugia de Italia, donde fue presentado con bombos y platillos, pero no pudo debutar porque salió positivo en un examen antidoping. Luego pasó por Udinese y Sampdoria. Estuvo cuatro años en los tres clubes, estuvo en dos partidos y apenas jugó media hora.

Lo que más recuerdan en Italia era que llegaba en helicóptero a cada entrenamiento, y que compró el 7,5% de las acciones de Juventus.

Pero el teniente coronel, al igual que su padre, fue muy activo en su país: al mismo tiempo fue presidente de la Federación, capitán y jugador de la selección. Con el combinado enfrentó a la Argentina de Bielsa,  a cambio de un millón de dólares.

Y también se dio el lujo de jugar con su equipo el Al-Ittihad un partido en el Camp Nou ante el Barcelona (0-5).

Su poder era tal en el equipo que además de decidir quiénes eran los titulares, su entrenador, Giuseppe Dossena, declaró una vez que “normalmente juega los 90 minutos; sólo se le cambia cuando quiere. Las cosas son así y no sirve darle vueltas”.

En el 2001 invitó a Maradona a su casamiento en Trípoli y, según recuerda el ex manager del “10” Guillermo Coppola , no conocían a nadie y el ídolo se llevó hasta un beso en la boca del “todopoderoso” presidente libio.

Su hijo, como timonel de la Federación, también contrató a Carlos Bilardo, quien pidió que se le permitiera viajar por Africa. “Me acompañaba todo el día –relató Bilardo al diario Perfil– porque era el presidente de la Federación y uno de los jugadores de la selección. Nunca me dijo que tenía que jugar, a pesar de que era una de esas personas que tienen la mirada firme. Era un gran muchacho.”

Según contó a Perfil el periodista estadounidense James Dorsey, especialista en fútbol de Medio Oriente, “el Al Alhi Bengasi exigió su renuncia como presidente de la Federación de Libia porque un árbitro lo perjudicó en un partido ante Al Baydah (el equipo del pueblo de donde era su madre). Saadi renunció, no sin antes disolver al Al Alhi Bengasi e incendiar su sede en represalia. Al mes, su padre lo restituyó en el cargo. Ese año, Al Ahli Trípoli, con Saadi como capitán, caía 1-0 con el resucitado Al Alhi Bengasi, pero en el segundo tiempo, el árbitro sancionó dos penales y convalidó un gol en posición adelantada y Al Ahli se puso 3-1. Furiosos, los jugadores de Al Alhi Bengasi quisieron abandonar la cancha, pero los guardias del mismísimo Saadi –armados, desde ya– los obligaron a volver”.

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