¿Retiro programado?

Para nadie es un misterio que dejar la actividad es un trauma para la mayoría de los futbolistas, pero para el ex defensa Fernando Gamboa fue lo peor: “Estuve un año debajo la cama, literalmente debajo de la cama, con depresión. Y si cuento esto es para que los jugadores estén preparados. El fútbol no te prepara para el día después. Es tanta la vorágine que se olvida. Vos podés tener al mejor entrenador, al mejor dirigente, pero son los psicólogos los que estudian durante años para arreglar la cabeza de las personas. Para mí son necesarios. Y no sólo en el fútbol juvenil, como hoy existen en muchos clubes. A mí se me produjo un vacío enorme en el corazón que no podía llenar con nada, tenía la sensación de que se terminaba de un día para el otro todo lo que sabía hacer y para lo que me había preparado desde los 5 años”.

 De su paso por Colo Colo recordó a El Grafico: “Es el club más popular de Chile, lejos. Y fue el único lugar donde tuve mala suerte. Firmé por tres años y a los siete meses el club quebró. Era un club y un país para quedarse a vivir. Hoy, Chile es el país europeo de Sudamérica, la gente es muy respetuosa”.

 Y tampoco podía faltar la clásica anécdota de cuando fue dirigido por Marcelo Bielsa en Newell’s Old Boys. “La del primer clásico que nos dirigió, en 1990, fue increíble. La del 4-3 en Arroyito. Llevábamos dos días concentrados en el Liceo Militar, porque el partido había pasado al lunes por la lluvia. La mayoría dormía y yo jugaba en un pasillo al Pac Man. “¿Cómo está? Quiero hablar de fútbol”, me dijo. “Bien, Profe, hablemos”, le contesté mientras seguía jugando. “Míreme, que le estoy hablando”. Largué todo. “¿Qué da por ganar el clásico mañana?”, me preguntó. “Todo –le respondí- tirarme de cabeza, trabar, ser solidario”. El me miró. “Más, ¿qué más?“. “No sé, más no se puede. ¿Usted qué daría, Profe?”, le pregunté yo. “Recién se lo dije a mi señora: si me tengo que cortar un dedo por ganar el clásico de mañana, me lo corto, total me quedan cuatro”. Lo miré: “Entonces, si tenemos la suerte de ganar cinco clásicos, se queda sin la mano”. Se levantó y se fue diciendo: “No entiende nada, usted no entiende nada”.

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