A 21 años del último vuelo del Cóndor

En un minuto pasó de ser el mejor portero de la historia del fútbol chileno a ser el jugador que quiso engañar el Mundo. A Roberto “Condor” Rojas, sin duda, le cambió la vida aquella noche del 3 de septiembre en el Maracaná.

El ex Aviación, Colo Colo y Sao Paulo se cortó la cara, tras impactar una bengala a dos metros, y dejó a Chile fuera de toda participación mundialista hasta 1994.

“No me cabe duda que Roberto Rojas es lejos, pero lejos, lo mejor que ha tenido el país bajo los tres palos. Tenía todo lo que un arquero debe tener: Reflejos, presencia, seguridad y una personalidad arrolladora”, recordó Marco Antonio Cornez.

Pero también ha tenido otros “premios”, como cuando The Times lo catalogó como uno de los mejores actores de la historia del fútbol mundial.

“Los efectos especiales, maquillaje y utensilios hacen merecedora de aplausos a esta escena”, destaca la publicación.

LA CONFESIÓN

Pocos recuerdan lo que declaró el 25 de mayo de 1990 el propio Rojas al periodista Orlando Escárate de La Tercera, de cómo sucedió el complot para sacar a Brasil y clasificar a Chile a Italia 90.

“Dos días antes de partir a Río de Janeiro hicimos un pacto secreto con Fernando Astengo. Fue en el salón principal de Juan Pinto Durán. Ya habíamos venido conversando el tema en el camarín, cuando estábamos solos en la cancha o cuando teníamos la ocasión. ¿Cómo podía ser que tanta injusticia quedara impune? Nosotros (aludía a que él jugaba en Sao Paulo y Astengo en Gremio, dos equipos brasileños) sabíamos que Brasil no nos iba a permitir ganar en el Maracaná, pasara lo que pasara, así es que nosotros no podíamos quedarnos de brazos cruzados. ¿Te animas a hacer algo?, le pregunté a Fernando. Me respondió que sí y acordamos que a la primera de cambio, a la primera cosa rara que pasara en el partido, nos tendríamos que retirar. Si le pasaba algo a él, el equipo lo retiraba yo. Si me pasaba a mí, lo hacía él. No teníamos clara la forma en que este acuerdo debía operar, pero ya estábamos juramentados”.

“La otra persona que intervino en este caso fue el kinesiólogo Alejandro Kock. Lo enteramos en Santiago de nuestros propósitos y, estando en el hotel Atlántico Sur en Río de Janeiro, dos horas antes de ir para el estadio Maracaná a definir con Brasil, se acercó y me dijo: ‘Maestro’, una palabra característica en él, ‘está todo listo’. Y en el vestuario me pasó un bisturí, forrado con tela adhesiva, del cual sólo quedaba un centímetro afuera, con la punta filosa”.

“Ya en el vestuario, llamé a Fernando Astengo para que me sacara el bisturí, cuando estaba tendido en la camilla. ‘¿Dónde está?’, me preguntó urgido. ‘En el guante’, le dije. Me sacó los dos y los dejó detrás de mi cabeza, en la misma camilla. De allí los recogió el utilero Nelson Maldonado, quien se dio cuenta de lo que estaba pasando y se transformó en el cuarto implicado en el asunto, después de mí, Fernando y Alejandro. El tuvo los guantes 15 días en su casa, hasta que me los devolvió. Pero siempre conoció la verdad, igual que Astengo, así es que no puede declararse ‘engañado’ ahora. Distinto es el caso de Orlando Aravena. El estaba en la tribuna, no supo de nuestro acuerdo, ni del bisturí. Creó el clima, es verdad, pero fui yo quien cometí el error más grande de mi vida…”.

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