Un futbolista atrapado a 688 metros de profundidad

“Estamos bien en el refugio los 33”, así reza el mensaje que los mineros atrapados en el yacimiento San José, en Copiapó, enviaron a la superficie el domingo 22 de agosto. Uno de ellos es el ex futbolista Franklin Lobos, quien defendió las camisetas de Unión La Calera, Iquique, Wanderers, Copiapó, Antofagasta, Cobresal y Chile para los Juegos Olímpicos de Los Angeles del 84.

“Ganaba como 100 mil pesos, yo tres mil. No le fue bien en algunos negocios y me sorprendió verlo con el tiempo, en un amistoso al que me invitaron, con su mismo bolsito, con sus zapatos de fútbol y chalas”, recordó Ronald Fuentes, ex compañero del volante en Cobresal.

Según el mismo Lobos “yo no convivía mucho con mis compañeros”, rememoró en un reportaje que publicó hace un año El Gráfico. “Me iba a jugar bowling o tenis con los mineros, terminaba el entrenamiento y me iba a jugar con ellos. Aunque era malito, me invitaban para tenerme ahí. Incluso un día teníamos que jugar con Ovalle a las 4 de la tarde y en la mañana jugamos una final de dobles de bowling con Manuel Rodríguez y en la tarde le ganamos a Ovalle”.

Fue esa misma relación que lo llevó, una vez retirado del fútbol, a acercarse a las faenas mineras, como chofer, la misma situación en que lo sorprendió el 5 de agosto.

“Franklin es alegre y muy chistoso, seguramente les contó alegrías y penurias de su carrera tratando de que esto pasara desapercibido y tuvieran el mejor ánimo. Sus anécdotas le dieron vida a los mineros”, contó Manuel Rodríguez Araneda, su técnico en Cobresal a Publimetro.

Iván Zamorano, otro de sus ex compañeros, contó que “desde un principio él tenía pasta de líder: cuando jugó conmigo era un hombre muy maduro, muy sencillo, muy humilde y que se caracterizaba por ser muy consecuente”, afirmó.

“Franklin, para nosotros, es bueno para la talla, muy apegado a su familia y entró a la mina para seguir ayudándolos y costear los estudios de Carolina y Karina, sus hijas. En Cobresal nunca pagaron grandes sueldos. Estos llegaban a los 100 mil —años 83 al 89— y todo se ahorraba. Había un banco en el campamento de El Salvador y un teléfono público donde nos juntábamos, en la librería del señor Avalos. Largas colas, para llamar a la familia… No había mucho más que hacer. Nadie tenía auto… El “Kaki” era seco para el bowling y mejor para las mujeres, picado de la araña, famoso por sus chanfles, pero siempre preocupado de su entorno familiar”, recordó Rodríguez a La Segunda.

Hoy Franklin Lobos sigue jugando un nuevo partido, el de la sobrevivencia en la mina, junto a 31 compatriotas y un boliviano, aunque sus amigos del club Comercio de Copiapó, lo esperan para disfrutar de su prodigiosa pegada, aquella que hizo famosa en la década de los 80’.

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