El Taimado

“Amigo, no sea taimado. Venga a jugar”. El Tabo jugaba un amistoso en Tunquén, con recibimiento incluido. Todo era alegría entre los dos equipos, donde el local era un asiduo huésped del visitantes durante la época de pretemporada.
No obstante, al costado de la reja olímpica estaba un joven que hacia caso omiso a la alegría que se vivía en aquella oportunidad. “Amigo, juegue”, le decía Roberto, el zaguero forastero. “No, muchas gracias”, respondía él. Mientras se disputada el cotejo, los ruegos seguían por parte del defensa: “Amigo, no sea taimado. Venga a jugar, que falta uno”…Pero el “taimado” no hizo caso. Hasta que terminó el partido. Y el cojo, mirando de reojo a su interlocutor, se fue por entremedio de las montañas.

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