Las aventuras de Lázzaro

Finitos

LA PRIMERA VEZ QUE FUI A LA CENA DEL LIBEREC, entré a un restorán en la montaña y no había ni señales de mis compañeros. Hasta que un camarero me llevó adonde estaban, en una caverna, un lugar privado. El vaso más chico de cerveza era de litro. Y de esos se tomaban cinco o seis. Comían a lo bestia, fumaban habanos… una locura. Cuando les dije que a mí no me gustaba la cerveza casi se mueren. Al final pedí una chiquita. “Ah, las de mujer”, me decían. Encima no tuve mejor idea que mezclarle un poco de gaseosa para pasarla mejor. “Yo tomo así, si no, no la tomo”. Por poco me matan.

El rival

SI VAS A JUGAR A NAPOLI SIENDO VISITANTE, tenés que saber que al micro tuyo lo van a seguir unas 300 motos, con 2 o 3 tipos por moto, y preparate. Había tipos con cuchillos que querían tajear las gomas, otros que tiraban cosas. Yo me metí debajo del asiento. Pensé que nos mataban. Desde las verdulerías nos tiraban de todo, manzanas, pomelos… hacíamos una ensalada de frutas. Llegando a la cancha, no nos quedaba un vidrio sano. Al chofer le gritábamos que siguiera, que no parara. Entramos con los vidrios rotos, las gomas pinchadas, nuestro médico todo cortado, todos pálidos.

(Leandro Lázzaro, jugador argentino actualmente en Tigre. También militó en el Slovan Liberec, Sparta Praga, Salernitana, Nocerina, Tivoli y Ravenna, entre otros).

Fuente: El Gráfico-Argentina

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